
Hay un pájaro en tus ojos,
a veces gorrión,
y otras halcón, que torna en colibrí.
Hay un pájaro en tu boca,
que a veces canta y otras se detiene;
y es en ese instante de escucha y canto,
que no puedo apearme de tu risa.
Hay un pájaro en tus ojos,
a veces descubre sus alas,
y otras se repliega al misterio;
y es entonces que el verbo amar
conjuga en infinito.
Hay un pájaro en tu boca,
que a veces asoma y me habla en la
lengua de un niño.